La muerte me visito de nuevo, sin decir nada extendió su mano hacia mi. No podía negarme había una fuerza invisible que me movía.
Me llevo a un jardín, donde tenían a un hombre atado a una silla; su ropa estaba sucia y rota -como si hubiera peleado con alguien- empecé a temblar, ya intuía lo que me mostraría.
Más hombres aparecieron, no pude ver sus rostros pero recuerdo sus risas, burlas e insultos hacia aquel desdichado, plumas negras se esparcían por el sucio suelo.
El pecho del desdichado se teñía de rojo, su mirada transmitía odio y furia, mientras su cuerpo se daba por vencido y se dejaba marcar y dañar por sus captores, su espíritu se mantenía firme, fiero. La muerte, me guio sin decir palabras, pude ver la precarias condiciones en que se encontraba el cautivo, esta escena ya la había vivido, el suelo desnudo, las paredes manchadas de suciedad y sangre, el techo agrietado dejaba filtrar la humedad. ¿Era este el destino que le esperaba a mi amo? ¿me mostraba la muerte a quienes tenía que salvar?