~10 AÑOS MÁS TARDE~
-Tabitha no entiendo porque te niegas
a abrir los regalos de tu prometido, y aún menos de que no quieras saber su
nombre….- dijo mi madre por décima vez
en el día-
-madre no quiero saber de él, quiero
disfrutar de mi escasa libertad... Es
demasiado pedir- dije caminando de un lado a otro del cuarto de mujeres, y
tirando el pañuelo que mi madre me obligaba a bordar para mi prometido… -
-Tabitha no actúes tan dramática y
cínica, tu prometido ha esperado por ti, y espera que seas agradecida con sus
regalos – dijo mi madre sin alzar la mirada de su bordado- además tu boda es en
pocos días deberías por lo menos abrir los regalos y fingir que te gustaron, si
tu prometido pregunta por uno en especial así sabrás cual es…
Me recargue en el ventanal, ese día
no quería que llegara, aceptaría a otro en lugar de Damon, aunque mi corazón le
pertenecía a él… tome el bordado del suelo y camine de nuevo hacia el sofá,
sería un día muy largo y más porque empezarían a llegar los invitados, entre
ellos, Damon, su esposa e hijo…
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Los cascos de los caballos hacían
levantar la nieve recién caída en el
camino, el paisaje había cambiado
de árboles frutales a coníferas, los animales se escondían para
refugiarse de la tempestad, las casas de techos bajos eran aisladas entre sí y
el humo de las chimeneas manchaba el cielo de gris.
La caravana seguía el camino con
dificultad, pues la nieve había caído toda la noche llegado a una altura de dos
codos. Adentro en el carromato una mujer
intentaba callar las protestas de su primogénito, el bebé abrumado por el frio
y el cansado no paraba de llorar desde
hacía horas. Uno de los hombres de porte elegante de acompañaba a la caravana
la hizo detener, se bajó del caballo e ingreso al carromato, tomando al niño
entre sus brazos, este callo sus protestas y rio alegre. La madre del pequeño
sonrió al hombre y se acurruco en su contra, pues Damon a pesar de haber estado
afuera su tacto era cálido.
-señor, el castillo ya se puede
divisar, estamos a dos días de camino si mi lady desea descansar… - se acercó uno
de los guardias al carromato, su aliento se podía ver por el vapor que
desprendía.
El tiempo es eterno para los amantes
y más aquellos que no se han visto y ansían abrazarse.
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