viernes, 6 de enero de 2017

él, ella y yo.

Cuando era joven me enamore por primera vez, pero como cualquier amor que puedes ver en las calles, mi amor era egoísta, pues no podía decidir entre ellos. Conocí a los gemelos cuando tenía 20 años pero fue un año más tarde cuando realmente hable con ellos, fue extraño la manera en que empezamos a hablar, yo en ese tiempo estaba siendo ignorada por mi prometida.
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Conocí a Fátima en una velada, ella era hermosa, lista para las finanzas y yo muy ingenua. Fátima ya había estado casada y tenía una niña, no me importo, ella quería que mantuviéramos en secreto nuestra relación y acepte, pensando que era por el bien de la pequeña;  al principio hablamos todos los días, me enviaba cartas en nuestro día de conmemoración, le enviaba regalos, pero poco a poco se fue haciendo distante, ella ignoraba mis cartas o mis charlas, las rara veces que estábamos juntas se alejaba, cuando estamos con amigos, mejor dicho con sus amigos, yo no era más que otro jarrón que adornaba al salón. Cansada y triste de sus constantes rechazos pero aun terca en ignorar lo obvio, le acompañe a uno de los bailes que a ella tanto le gustaba, las damas ahí presentes hablaban entre murmullos sobre un caballero que no había visto antes. Como era ya mi costumbre me separe de Fátima y sus amigas, me senté en uno de los rincones observando las idas y venidas de Fátima, sus coqueteos y sus risas. Cuando estaba por marcharme Alex se acercó y me saco a bailar, mire a Fátima antes de decidirme a bailar con Alex, pero ella ya estaba en la pista de baile con otra dama, en un momento de celos acepte la invitación y una pequeña parte de mi pensó en utilizarle para darle celos.
Los fines de semana siguientes en cada baile me esforzaba en mi peinado y mis vestidos, pero nada cambiaba en Fátima, aun seguía ignorándome y mis intentos de que ella mostrara celos por Alex fracasaron. Descubrí que Alex era más que un simple buen mozo, su gentiliza fue ganando mi alma, su calidez me envolvió sin darme cuenta y su sonrisa tan picara hacia que mi corazón latiera cada vez más rápido, deje de intentar que Fátima me celara y comencé a celar a Alex, cada dama que se acercaba a él solo lo utilizaba, ellas solo veían al guapo caballero, al buen bailarín, al hijo de una buena familia, pero pocas veían al hombre que él era, a sus miedos, a su soledad y tristeza permanente.  Termine mi relación con Fátima por una carta, ella ya no me buscaba desde hace un mes y si estábamos en una habitación ella me ignoraba, creo que solo estaba negando lo obvio.
Seguí frecuentando a Alex,  él había sido humillado por su anterior pareja y había llegado a Londres para verse con su hermana, Alexa, cuando salía con Alex le sujetaba del brazo y caminaba muy junto a él, aunque me hiciera ver más baja de lo que ya era, con sus 180 cm  apenas le llegaba al hombro. En algunas ocasiones cuando íbamos al parque o a las casas de té, las mujeres se le acercaban descarada mente para brindar sus favores, Alex las despachaba con facilidad y con tal astucia que solo se logra con la práctica. Moría de celos cada vez que Alex hablaba de una de sus amigas o sus conquistas para él yo solo era su dulce amiga,  su confidente.
Para mi Alex se había convertido en un amor platónico, algo que no podría alcanzar pues sabía que sus anteriores novias habían sido damas hermosas, pero extravagantes,  era más que obvio que él no se fijaría en mí, una dama normal sin nada en que destacar, mi cabello oscuro y piel morena era tan común en estos lares, en cambio el resaltaba con su piel pálida, sus ojos color miel y su cabello oscuro ondulado hacia contras. Era a grandes rasgos todo un príncipe.  Hablar con él era un placer exquisito, tus temas de conversación variaban fluidamente, podíamos estar hablando de un libro en común y terminar la charla con los misterios del universo. Pero era su sonrisa y la forma en la que se sonrojaba la que hacia latir rápido mi corazón. 
A los cuatro meses de conocerle tuve el placer de ver a su gemela, Alexa. Ella al igual que su hermano era alta, pero contraria a la voz profunda de Alex, Alexa tenía una voz dulce, melódica.  Su carácter era poco común en una mujer, firme de pensamiento e ideas, implacable al momento de defender sus ideales y una fiera al defender a sus seres queridos, que según ella, eran pocos. Alexa no gustaba de los hombres pero poseía  una habilidad sorprendente de modelar a los hombres a su manera, ella decía que eran seres predecibles y fáciles de manipular. El cabello de Alexa caía en ondas suaves hasta su cadera la diferencia  física entre ambos recaía en sus ojos, mientas que Alex tenía una mira suave, la mirada de Alexa reflejaba fiereza.
Alexa filosofaba mucho, las conversaciones con ella siempre me mantenía alerta, podía preguntarme  cual era mi comida favorita y la siguiente pregunta podía ser, si ya me había acostado con su hermano. Tenerlos en una conversación era fascinante, Alexa gustaba de molestar a Alex cuestionándolo de sus conquistas nocturnas por supuesto que Alex se apenaba y muchas veces cambiaba de conversación pero cuando yo era el tema de interés de Alexa, Alex se mantenía en la expectativa, pendiente de cada uno de mis movimientos y respuestas, tenerlos así a ambos me ponía nerviosa y ansiosa. En las aisladas ocasiones en las cuales me atrevía a robarle un beso a Alex, él me respondía dulcemente. Al robarle besos a Alexa podía tener dos resultados, un rechazo o un beso demándate. Ambos besos me fascinaban. ¿Pero a cuál de los dos amaba: Alex o Alexa? 
Una y otra vez esa pregunta rondaba  mi mente, ¿Cuál de los hermanos era mi amor? No tenía respuesta para eso, paso el tiempo y cada vez me enamoraba más de ellos, Alex tubo de dos novias en ese tiempo, o mejor dicho amiguitas, él creía que no me daba cuenta, ¿Por qué él ocultaba sus salidas de mí? ¿Tenía miedo de que lo rechazara?
Alexa era descarada con sus conquistas, para ella era una meta tener a más de dos pretendientes distintos cada semana, ella no caía en la vulgaridad como muchas damas, al contrario sus salidas nocturnas eran indetectables a menos que ella quisiera que lo supiera en ese caso de pavoneaba de ellas.  
Confesé mis sentimientos primero a Alex, era lo correcto después de todo lo conocí a él primero, Alex me rechazo, era algo de lo cual esperarse, después de todo llegue a conocer a su antigua pareja que podía yo ofrecer a alguien cuya belleza era deslumbrante. Pero esa no fue la razón por la cual me rechazo, según él era porque no sentía nada, sus sentimientos y emociones se habían esfumado. Decía que no sería malo conmigo y me dejaría marchar para que fuera en pos de la persona que amaba o amaría, ¿cómo pretendía que hiciera eso cuando lo amo a él y a Alexa?
Al día siguiente me encontré con Alexa y de inmediato supo que algo andaba mal conmigo: con que mi hermano fue un idiota y te rechazo, bueno es un idiota amable. Fue lo que ella me respondió al contarle lo que había pasado.  Alexa me explico que Alex había cambiado a raíz de su anterior relación, que el Alex que yo conocía solo era una cascara de su antiguo yo, mientras me contaba pude imaginarme a ese Alex todo risas y amor…  no hable con él después de un tiempo.
Salía con Alexa y bromeaba con ella, en raras ocasiones podía tomarla de la mano. Alexa me contaba de sus conquistas y que ella quería resaltar hacer algo que nadie más lo hubiera hecho antes y que solo la fama fuera de ella y de su hermano que no le importaría tener que manipular y utilizar  a las personas para llegar a eso.
 Tiempo después me declare a Alexa, sabia la respuesta, ella se burló un poco. Con Alexa fui distinta mi reacción aunque me dolía su rechazo y decía que solo eran un capricho mío, no lo tome tan mal, ¿sería que amara más a Alex que a Alexa?  Los tres actuamos como si mi confesión no hubiese existido, era un acuerdo no escrito y verbal donde nadie amaba a nadie. Pero no se puede esconder todo debajo de la alfombra por mucho tiempo.
Cumplí 22 años y el tiempo que pasaba con ellos parecía infinito, estático. Los había conocido dos años atrás pero parecía que fuese apenas un parpadeo pero a la vez que siempre habían estado ahí. Algunos de mis amigos sabían de ellos, no era un secreto que estaba enamorada de ellos pero pocos se atrevían de hablar del tema frente a mí. ¿Era malo el amarles? Yo no lo creía así y aun no lo creo.
Una tarde de tantas hablando con Alexa salió un tema particular y a la vez repetitivo, ella alegaba que mi amor por Alex era distinto al que otras mujeres habían ofrecido; cada vez que Alexa sacaba ese tena terminábamos en una discusión, siempre trataba de cambiar de tema pero Alexa sabia de mi estrategia y regresaba al tema de su interés. Describir mi amor por su hermano es difícil, es como querer describir un color o una textura ¿cómo puedes describir la suavidad? Dirías que no hay asperezas pero ¿Qué son las asperezas? Se convertiría en un bucle infinito.  En mi necedad intentaba explicarlo, mi amor por él se describiría como algo egoísta, un sentimiento de querer protegerlo y ayudarle a confiar en él, pero a la vez confiaba que él, Alex, era fuerte a su manera… sincero pero precavido, quería protegerlo de todo daño pero a la vez dejarle libre pues él es capaz de enfrentar todo reto frente a él. Como cada plática Alexa dijo: le amas más. Ella se paró de su asiento y se fue con caminar decidido… lo que ella nunca preguntaba eran mis sentimientos por ella.
¿Amaba a Alexa? Si, ¿mis sentimientos eran distintos para ella que para Alex? Si… me dolía admitirlo pero era verdad, el amor por Alexa era distinto al de Alex.  Cuando pienso en ello me doy cuenta. Mis sentimientos con Alexa eran de una compañera, no una guardiana. Quiero estar a su lado, enfrentar con ellas las batallas por venir y las opiniones erradas de los demás, estar para ella cuando se desmorone y no para defenderla si no para esperar pues no la insultare juntando sus pedazos rotos. Quiero quedarme a su lado, ser tan fuerte y veraz como ella. Estar con Alexa era estar en una ventisca que destruye todo a su lado pero que deja vida… nueva vida. No... Ella no destruye, Alexa transforma todo a su paso.
Si, el amor que sentía por Alex y Alexa era distinto, diferente... pero igual… sublime.
Mis amigos seguían hablando a mis espalda, me decían en las escasas veces que nos reuníamos que actuaba de manera distinta, que mi amor por ellos no estaba bien; que debía dejarlo, era mala. Les decía con una sonrisa en el rostro que ya no frecuentaba a los gemelos y por eso mí actuar, que sentía pena por su ausencia tan cálida y natural para mí, pobres ingenuos… lo creyeron todo.
 Mi cumpleaños 23 lo cambio todo…  Alex y Alexa llegaron a mi residencia, de manera fría me saludaron, distantes a mi pasaron a la sala y se sentaron uno al lado del otro. Sus miradas antes cálidas y divertidas me observaban con frialdad y crueldad. Sus voces sonaron como una…
Tienes que elegir a uno de los dos, el que elijas se quedara… el otro se ira y jamás volverás al verle. Mis piernas débiles hicieron que cayera sin la más mínima gracia. Alex no me ayudo ni Alexa a levantarme por el contrario ambos salieron de mi casa, dejándome con el corazón destrozado, echa un mar de lágrimas y con un enigma… ¿a quién elegiré?  El Príncipe o la Guerrera.
No los vi por un mes cuando regresaron a visitarme y exigieron una respuesta les dije que los vería por separado, que el día y la hora que les daría tendría que mantenerse en secreto… ellos aceptaron.
Los cite el mismo día, ambos en el mismo lugar  y hora…
Me vestí con un lujoso vestido que había elegido con Alexa meses antes, mi cabello antes corto ese día lo luciría suelto desde que había conocido a Alex lo había dejado crecer.  Me calce con unas zapatillas bajas… tome del buro el bolso y Salí de mi habitación hacia el lugar elegido por mí, mis pasos resonaban por el pasillo, una sonrisa pintada de rojo lucia mi rostro.  Entre en la habitación previamente arreglada, suspire y me di cuenta de que lloraba, pero era la mejor decisión, la única opción. Les dejaría a ambos.  
Cuando alguien interrumpió en mi soñolencia… la habitación se había oscurecido o era mis ojos... Hacia frio, sentí como alguien me levantaba, vi a príncipe y a la guerrera… ambos reflejados en esa persona… les sonreí: no puedo elegir a uno… sabes que los amos… me gustas como eres. No decidas por uno… tú eres ambos. Eres Alex y Alexa.
Reí un poco, vi a mi padre entrar y dejar a un lado a mi amada… los escuche pedir a gritos un médico pero ya era tarde…
 Ahora les veo y paso tiempo con ellos, pero ellos no me ven. Alex se enamoró, alguien pudo encender el fuego en él de nuevo, Alexa seguía siendo reacia en el amor pero gustada de la compañía de la novia de Alex… admiraba a aquella niña que con valentía había descubierto como convivir con una persona que era dos a la vez… mi decisión fue la correcta… bese la mejilla de Alex y Alexa antes de irme por siempre... los vi despertar y buscarme en la oscuridad… Salí a la calle y emprendí un nuevo viaje… tal vez ellos me alcancen… si eso era verdad los esperaría con una sonrisa y una disculpa…














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