Recuerdos del gato
Vivía
en una habitación, el frió era parte cada día. Yo no era un alma libre, mis
memorias se fragmentaron en dos partes, la niña pequeña: que vivía en el temor,
que deseaba ser útil y salir. Soñando con su Príncipe, esa parte aun creía en
las buenas acciones pero se sentía inútil, algo desechable. La otra parte, una
mujer mayor: estaba cansada de seguir adelante, de dar su corazón y que lo
rompieran, estaba cansada de llorar en soledad, de trabajar y realizar un sueño
que le impusieron.
Pero
hubo un día… que ambas conocieron a alguien, para la pequeña era su Príncipe y
para la mujer era su guerrero.
La
mujer fue primero, le hablo a esa persona de su vida, su día y de los libros que
leía, ellos se acercaron y de repente se encontraron hablando todos los días,
se divertían viendo películas o gastándose bromas. Y en el fondo la pequeña los
observaba envidiosa pues reconoció a su príncipe en él.
Hay
algo importante… ambas le hablaron de “él” pero el príncipe y el guerrero eran
una mujer, a ella no le importaba ambas partes le amaban…
La
pequeña se dio cuenta que su Príncipe no estaba solo, había algo que cambiaba
algunas noches… en el Príncipe residía también una Princesa, la pequeña curiosa
se acercó a ambos les tomo la mano y sonrió… amo al Príncipe y a la Princesa fue
lo que pensó ella.
Para
la mujer fue diferente, ella les amaba a ambos, de una forma pura y carnal. Paso
el tiempo, ellas le amaban y se lo decían, ella sentía un cariño por ellas.
Los
días de platica pasaron a semanas y estas se juntaron viviendo como meses...
cuando se dieron cuenta un año había pasado… la mujer y la pequeña le seguían amando
y su Príncipe –guerrero había despertado de ese sueño auto impuesto por un corazón
roto…
Ya
no Vivían en una habitación oscura… ahora había luz y en donde antes existía el
frió poco a poco llegaba el calor… y unas palabras que no se dijeron estaban en
el aire:
Por
favor, no me hagas arrepentirme, si te llegases a ir me destrozaría el alma