Capítulo 2 sanctificetur Nomen Tuum
Ella había nacido por la noche, su piel y cabello honraban
aquello, su voz se había dejado de escuchar y sus plegarias morían sin tener
pecados, la virgen corrompida, le llamo alguna vez la madre superiora cuando
ella quiso entrar en la hermandad. Ella guardo sus palabras y se juró maldecir
su nombre. Aprendió sus 7 nombre, visito los nueve círculos. Los demonios se
percataron de ella y la empezaron a cazar, la sangre pura corrompida sin pecado
era un manjar para ellos.
Ella se vistió de sombra y empezó a vender sus servicios al cónclave,
aquellos que se creían puros y sin embargo estaban destinados a parar sus días en
el noveno circulo. En el primer año de sus servicios hacia al cónclave era como
el limbo, al no conocer a Dios era considerada pecadora y por ende corrompida,
el segundo año le fue encomendada la tarea de castigar a aquellos que habían caído
en la lujurias, hombres y mujeres que llevaban una “vida cerca de Dios”, mato a
aquellos que dañaban a los menos fuertes.
El tercer año transcurrió entre fuertes lluvias y tormentas
de granizo, golpes verbales de aquellos que eran sus protectores, la Fe dejo de
ser su hogar. El cuarto año ella se volvió
avariciosa, viajo por su cuenta y aprendió los siete nombres, abrió los ojos.
Castigo siete veces siete a aquellos que caían de la gracia. Durante el quinto
año la ira le abrazo y en el sexto año, aquellos que le pagaron por castigar a
sus corruptos la tacharon de hereje.
Se volvió violenta en su séptimo año, y conforme ella
caminaba cada vez más alto durante el octavo año se sintió defraudada por
aquellos otros a quienes llamo “amigos”. La muerte se convirtió en tentación en
el noveno año; cuando se decidió a traicionar a la iglesia fue cuando conoció al
Cazador.
Para él fue fácil de convencer a aquella mujer, solo otra
más en su red. Ella se convirtió en la Sombra del Cazador, un beso sello el
contrato y solo un beso lo podrá romper. La sombra se convirtió en su escudo y
arma, una manta y un refugio, Ella se abrazó y comprendió lo sagrado que era su
nombre.