10 Sed libera nos a Malo.
El tiempo pinto canas en el cabello de Cazador; fue el mismo
tiempo que pinto una sonrisa en el rostro de Sombra y le dio el regalo de ser
madre. Sin embargo, el tiempo no había sido benévolo del todo con Cazador, pues
la relación con el gran Padre seguía igual. Sombra le seguía fielmente allá
donde fuera y aquel niño seguía gustoso los pasos de su madre, quien fuese el
padre de aquel niño aún era un misterio para Cazador y Sombra se negaba a
hablar de ello y al parecer le molestaba.
Cazador seguía viendo a la monja y muchas otras se sumaron a
“su fuente de información”, las visitas de los bajos astrales seguían en pie y
el disgusto de Sombra no disminuía, lo cual molestaba a Cazador ya que era
prepotente de parte de Sombra, ella había engendrado un hijo, cuando ella había
jurado serle fiel. Ella había cambiado después de que Legión les atacara, tal
vez el ver a otros “niños Sombras” morir frente a sus ojos había sido motivo
suficiente para hacer cambiar de opinión a Sombra. Las divagaciones de Cazador volvían
cada vez que miraba al pequeño, al ver más allá de él, Cazador podía mirar el
alma del infante, un alma blanca con dorado, colores tan brillantes que le era
imposible observarlo por mucho tiempo.
Sombra se acercó cautelosa hasta donde estaba Cazador, lo
abrazo desde atrás y por un instante se permitió sentir su calor. Recordó como
era Cazador antes, su risa contagiosa se había apagado hacía mucho tiempo atrás,
el oscuro cabello negro ahora era gris, pero sus manos seguían siendo igual de
fuertes y grandes, incluso más que antaño; Cazador era más fuerte, el Cazador
de antes de había sido capaz de proteger al pequeño.
-Padre nuestro – murmuro Sombra aun abrazando a Cazador- que
estas en el cielo
- Santificado Sea tu nombre – continuo Cazador colocando sus
manos sobre las de Sombra- Venga tu reino.
-Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo – Sombra sintió
el peso de sus palabras, de la promesa hecha al Padre- Danos hoy el pan de cada
día
-Perdonas nuestras ofensas- al pronunciar esas palabras,
Cazador recordó las veces que había humillado a Sombra- Como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden – tantas veces él había sido humillado, pero se hizo fuerte
- no nos dejes caer en tentación – las palabras de Él aun hacían
eco en sombra- y líbranos del mal – ese niño
era hijo de Dios, criado por un alma pura corrompida, nacido de la sombra…
- Amén- dijo una voz infantil -
(fin)
