domingo, 17 de febrero de 2019

Así en la tierra como en el infierno


10 Sed libera nos a Malo.


El tiempo pinto canas en el cabello de Cazador; fue el mismo tiempo que pinto una sonrisa en el rostro de Sombra y le dio el regalo de ser madre. Sin embargo, el tiempo no había sido benévolo del todo con Cazador, pues la relación con el gran Padre seguía igual. Sombra le seguía fielmente allá donde fuera y aquel niño seguía gustoso los pasos de su madre, quien fuese el padre de aquel niño aún era un misterio para Cazador y Sombra se negaba a hablar de ello y al parecer le molestaba.    
Cazador seguía viendo a la monja y muchas otras se sumaron a “su fuente de información”, las visitas de los bajos astrales seguían en pie y el disgusto de Sombra no disminuía, lo cual molestaba a Cazador ya que era prepotente de parte de Sombra, ella había engendrado un hijo, cuando ella había jurado serle fiel. Ella había cambiado después de que Legión les atacara, tal vez el ver a otros “niños Sombras” morir frente a sus ojos había sido motivo suficiente para hacer cambiar de opinión a Sombra. Las divagaciones de Cazador volvían cada vez que miraba al pequeño, al ver más allá de él, Cazador podía mirar el alma del infante, un alma blanca con dorado, colores tan brillantes que le era imposible observarlo por mucho tiempo.
Sombra se acercó cautelosa hasta donde estaba Cazador, lo abrazo desde atrás y por un instante se permitió sentir su calor. Recordó como era Cazador antes, su risa contagiosa se había apagado hacía mucho tiempo atrás, el oscuro cabello negro ahora era gris, pero sus manos seguían siendo igual de fuertes y grandes, incluso más que antaño; Cazador era más fuerte, el Cazador de antes de había sido capaz de proteger al pequeño.
-Padre nuestro – murmuro Sombra aun abrazando a Cazador- que estas en el cielo
- Santificado Sea tu nombre – continuo Cazador colocando sus manos sobre las de Sombra- Venga tu reino.
-Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo – Sombra sintió el peso de sus palabras, de la promesa hecha al Padre- Danos hoy el pan de cada día
-Perdonas nuestras ofensas- al pronunciar esas palabras, Cazador recordó las veces que había humillado a Sombra-  Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden – tantas veces él había sido humillado, pero se hizo fuerte
- no nos dejes caer en tentación – las palabras de Él aun hacían eco en sombra-  y líbranos del mal – ese niño era hijo de Dios, criado por un alma pura corrompida, nacido de la sombra…
- Amén- dijo una voz infantil -  

(fin)

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