miércoles, 16 de septiembre de 2020

Un lugar seguro.

Hola, soy M16C02G94, vivo en una burbuja, es frágil y puedo ver el exterior, tengo 6 años y una hermana mayor, mi burbuja es pequeña y se rompe muy seguido, en esas ocasiones tengo crisis nerviosas o de pánico. 

Ahora, tengo 10 años, vivo en una esfera de cristal, es mejor que la burbuja y es mas grande. Pero aun se rompe, mi padre sigue diciendo que soy una inútil y mi madre dice que debo de guardar silencio y dejar de llorar. 

ey... cumpli 15 años y estoy en una habitación, es mas seguro, los gritos se amortiguan un poco, mi gato me hace compañía mientras corto mis venas, la sangre forma ríos por mi brazo. Mi hermana mayor hizo un gran trabajo, nuestra madre la adora, mi hermana tiene razón, soy fea y nadie me va a querer, ella pasa notas por debajo de mi puerta  con esa clase de mensajes. 

Mi gato murió, supongo que es normal despues de 5 años, ahora tengo 20, tengo miedo de hablar o mostrar mi cuerpo, me siento insegura de todo, me quedo en la universidad hasta tarde, no quiero volver a casa, convertí mi habitación en una fortaleza. 

Tengo 26... he salido de la fortaleza, me aterra todo pero no estoy sola, hay alguien que piensa que soy importante y que mi piel es bonita... también tiene marcas de las batallas que libró pero sonrie mas seguido que yo. Tenemos 6 años de amistad y juntos hemos cambiado, yo soy mas valiente y creo que un poquito útil. Cuando retorno a casa continuo escuchando los gritos pero ahora los ignoro, sé que soy más de lo que ellos ven y cuando dudo de mi, sé que esa persona no me dejara volver a esa burbuja... 

lunes, 7 de septiembre de 2020

 Sentí a la muerte sobre mis hombros, su gélido aliento sobre mi mejilla. Con su voz cortante me pidió que la siguiera, lo hice; lo que me mostró me helo la sangre. 

Entre restos de excrementos, basura, vómito y otros fluidos humanos yacían los huesos de un joven, su carne había sido comida, desgarrada de su esqueleto. pero antes de ser devorado, la muerte me mostró lo que él vivió. 

Él tenía miedo, fue llevado a una habitación donde olía a muerte, en el suelo había sangre seca junto con basura y demás porquerías, lo ataron a una silla y le golpeaban, lo obligaron a hacer sexo oral, ha masturbarlos, ha violar a una mujer, lo obligaron a beber sus fluidos y a comerlos también, no les basto que él joven se desmayara, a ellos nada le bastaba. 

Lo desataron, de nuevo lo golpearon, él ya no veía sus ojos habían sido sacados y devorados con un vino blanco; su ropa antes impecable era ahora girones, quería apartar la mirada pero la muerte no me dejo. Le arrojaron agua fría, caliente, limpia y sucia... no les importaba que sufriera pues así "su sabor" mejoraría. Hay que violarlo, dijo uno; mejor lo destrozamos, sugirió otro, así lo hicieron. Insertaron en él cuanto objeto ellos querían, el joven solo era ahora un costal de carne que en su dolor había dejado de sentir y solo era. 

Pude ver a la misma muerte que ahora me abrazaba acercarse a lo que quedaba del joven, piadosa y amorosa le tendió la mano, vi la alma de aquel muchacho tomar la mano que le tendían, no volteo a ver su cuerpo, su alma brillaba, el cuerpo perdió el hilo de vida y vi a sus labios destrozados y deformes sonreir. Los crueles secuestradores abrieron el cuerpo y sacaron sus entrañas, uno de ellos (el que comió sus ojos)  fue el primero en morder lo y arrancar un pedazo de carne, apenas y mastico, la sangre escurría de su mentón. La sangre todo lo marcaba de rojo brillante, era una advertencia para todos los que lo miraran, era como si aquel joven en su última voluntad quisiera advertir a todos del peligro.

Los monstruos seguían devorando entre risas y vino, entre sexo y tortura, excretando en los huesos, profanando los restos, burlándose del joven. Solo entonces la muerte me dejó apartar la vista y ver a mi alrededor, no era la única ahí, no era la única cuyo corazón bombeaba sangre fría y cuyo estómago se encontraba revuelto; mi mente trabajo de rápida manera y unió los hilos sueltos que la muerte me había dado, todos los que estábamos ahí apenas de pie tenemos algo en común con los restos de aquel muchacho... La muerte se apiadó de nosotros y de él... nos advirtió que podríamos ser los siguientes...        


martes, 1 de septiembre de 2020

Desperté con un vacío inquietante, vacío que le hizo compañía al hueco en mi pecho. 
Desperté con una nueva soledad, los seres invisibles de mi mente ya no estaban. 

Desperté cansada, igual que otros días, fría, aislada. Nuevas marcas en mi brazo. 
Desperté sin ganas de levantarme de mi cama y aun de madrugada contemple el techo de mi habitación. 

Desperté pero mi alma aún dormía cómodamente abrigada, aislada de lo que en mi mente pasaba, deje a mi alma dormir, que se soñara libre, jugueteando con un Lobo y cantando con un Búho.  Ajena de todo lo que mi corazón sentía, la deje irse a esconderse. 

Desperté pero por dentro aun sigo dormida