domingo, 13 de agosto de 2017

El chico del bar




A mi chico del bar, búho, músico, algodón de azúcar…
Conocido mejor como Alexa Bogantes Segura…
Gracias por ponerle música a mis letras. 


El chico del bar








Trabajo en una cafetería- librería, el dueño pone los libros de moda en el área de préstamo, hay clientes que viene para poder leer un libro nuevo antes de comprarlos, otros vienen por el café pero la gran mayoría viene para ver al barista. Frente al café hay un local muy grande, muchas tiendas han intentado instalarse en el pero no dan resultado y a los pocos meses se van.
David al ser tan coqueto con las clientas muchas veces dejaba de preparar los cafés, y a pesar que yo estaba encargada de la librería a veces tostaba, molía y preparaba el café. Los clientes habituales siempre pedían los mismos libros y las mismas bebidas. Chocolate y Narnia, café irlandés y cumbres borrascosas, té negro y memorias de una geisha, frappe y Harry Potter…
Era la rata de biblioteca con aroma de café, algunos de los chicos que visitaban la tienda coqueteaban conmigo, algunos muy listos pidiendo algún libro con doble sentido otros más directos.
Vi parejas formarse y disolverse. El turno de 6:30 am a 5:00 pm era tan largo, solo escuchando el ruido de las pláticas susurradas, divagaba viendo el escaparate, tantas personas caminando por las calles sin saber realmente a donde ir. Pasaron meses antes de que el local del frente lo rentaran.
El barista renuncio y el dueño no quiso más la cafetería. Compre el café, no sé si por impulso, por costumbre o por necesidad, no era solo una rata de biblioteca, era una escritora; mis libros eran melancólicos. A un mes de haber comprado el café, abrieron el local frente al mío, era un bar.   

El día de la apertura del bar fui a visitarle, la música tan ruidosa salía de unas enormes bocinas, el DJ hacia que todos estuvieran en la pista bailando, olía a alcohol, sudor y sexo. La poca iluminación y el estar tan lleno hicieron que me tropezara un par de veces al ir a la barra. El chico que lo atendía era carismático.
-¿dime, bombón, que quieres tomar? – Dijo con una sonrisa de lado, algo en la forma de su entonación sugería algo más-
-una copa de vino y no soy “bombón”- le respondí molesta –
El chico del bar no tenía la culpa de mi molestia, pero algo en él me era irritable. Bebí el vino viendo como hombres y mujeres se meneaban al ritmo de la música, tenía que salir pronto el ruido me provocaría una migraña.
 -te vas tan pronto bombón, me gustaba tenerte en mi barra. Un lindo adorno… -dijo el chico del bar con voz grave-
-no soy un adorno y sí, me iré ahora – le dije molesta, dejando un billete que cubría el vino. 
Camine lo más rápido que pude hasta salir, el aire estaba frio y se sentía tan bien sobre mi piel caliente. 
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Cambie el letrero de cerrado a abierto justo a las 6:45 am, la calle estaba poco concurrida y me dispuse a moler el café con calma, la campanilla de la entrada sonó indicando la llegada de un cliente.
-bienvenido, ¿Qué le apetece tomar? – dije sin prestan atención, aun concentrada en moler el café.-
-hola Bombón –dijo aquella voz profunda que me irritaba – con que es por eso que olías a café.. 
Respire profundo y puse mi mejor sonrisa, después de todo era mi cliente.
-¿Qué le apetece tomar? – repetí la pregunta con una falsa cortesía
-pareces molesta, bombón. Tomare un café con leche - dijo el chico del bar recargándose en el mostrador 
-canderel, splenda, azúcar o mascabado. – le pregunte en automático
-azúcar
Algo en la forma de decir esa palabra me causo un escalofrió.
-y que sea para llevar, hermosa. Ha sido una noche muy larga.
Sin responder me puse a hacerle el café. Sentí su mirada siguiendo mis movimientos y eso me molesto aún más.  Le entregue la bebida con la nota, fue entonces que vi sus brazos al detalle, dragones, flores y patrones de líneas adornaban los antebrazos, eso le hacía ver más peligroso. 
El día pasó sin pena ni gloria, cuando iba de salida, le vi caminando hacia el bar.
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Un mes paso en un instante, el chico del bar pasaba cada mañana las 7 am y pedía la misma bebida, un café con leche y azúcar. Después de nuestra primera y la que ha sido también la única charla, el chico del bar y yo no volvimos a hablar, había días en donde se quedaba sentado mirando a la nada, a veces se quedaba dormido en el sofá.
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Un año pasó y el bar seguía en el local frente al mío, preparar café con leche y azúcar se volvió rutina como tostar y moler el café. Por el escaparate vi a chicas acompañar al chico del bar. Mujeres muy guapas, estilizadas cuyos zapatos eran más altos que su nivel intelectual. Las pobres chicas no tenían idea que solo estarían con el chico del bar solo unas noches, antes de que las cambiara por otra.
No importaba si el chico del bar tenía una chica o no, si era un buen día o si una tormenta caía o, él iba puntual por su café. Una mañana le vi salir del bar con una chica nueva, esa vez él no paso por su café… un café con leche y azúcar se enfrió en el mostrador.
Después de eso, estuve enferma una semana, no pude ir al café, ¿habría ido el chico del bar por su café?
En la temporada de calor las bebidas frías eran las más pedidas, los postres ligeros y ensaladas eran servidos sin parar.  
Al iniciarse la temporada de vacaciones muchos estudiantes venían a coquear con las camareras o conmigo, pero eso no era nada, por las noches cuando el bar abría, se formaba una fila larga de mujeres que querían entrar y al pasar el chico del bar una que otra chica intentaba besarlo. Pero era solo cuando la chica en turno- y que milagrosamente había durado ya tres meses- no lo acompañaba.
Cuando llegaba a casa, y me metía en la tina me cuestiona por qué seguía al chico del bar tan atenta… él no me hablaba ni yo a él, nuestra relación se basaba en… nada porque no había relación alguna.  Tal vez era porque el chico del bar no actuaba como la mayoría de los hombres que conocía, pero todo en él salía de los límites de lo que yo conocía.
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Me encontraba acomodando los nuevos libros, cuando vi pasar al chico del bar, hacia 6 meses que no venía por su café, aún estaba con aquella chica. Me sentía como las niñas adolescentes enamoradas de un extraño y me sentía una acosadora, pero al ser él trabajador del local del frente no era mi culpa el mirarle al pasar.

Se me había hecho costumbre el tomar una taza de café a las 5 de la tarde, no era mi culpa que a esa hora entrara a trabajar el chico del bar, tampoco era mi culpa que él se viera tan bien en su uniforme o que su sonrisa fuera tan sexy…
El día del aniversario del café, el chico del bar fue a la fiesta, tal vez por cortesía, los empleados de las tiendas vecinas – incluido el bar- habían recibido cupones para bebidas gratis, pero algo en él había cambiado. 
El chico del bar volvió a ir por su café por las mañanas, siempre puntual.

Segunda Parte
Dos años después
Me enamore del chico del bar, trabajo en un café que da frente a un bar, él pasa cada mañana al salir del trabajo y pide un café con leche y azúcar. Por las tardes al salir de mi turno le veo pasar para iniciar el suyo. Camisa blanca, chaqueta negra, pantalón de mezclilla y botas militares es su uniforme. El chico del bar había cambiado desde que le conocí, ahora tenía perforaciones y ya no había chicas tras él. Su rutina de pasar al café había vuelto, también iba los días de descanso. Desde que lo conocí el café cambio, música clásica, pop, rock... Sonaba a volumen bajo desde parlantes escondidos pero no solo había cambiado por la música, al hacerse costumbre del chico del bar dormirse, compre un reposet.
Casi no hablamos, es una presencia agradable…
-hey, Bombón, ¿es nuevo café? Este me gusta más que el anterior –dijo el chico del bar coqueto y saboreando el café-
- ya lo sé “algodón de azúcar” –le dije molesta, aunque feliz porque noto el cambio del café- ese café ya lo había comprado antes.
Él no dijo nada más, se limitó a darme una sonrisa coqueta enmarcada por esos nuevos piercing. Suspire y no pude evitar sonreír, el chico del bar no había cambiado.
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Al salir por la noche del café, con la lluvia había muy pocas personas, el chico del bar me esperaba recargado en la pared mientras fumaba un cigarrillo.
-Bombón, es muy tarde para que estés sola.. Te acompaño- dijo despreocupado
-tienes trabajo, ya me iré sola, no tienes por qué acompañarme-
El chico del bar me jalo acorralándome contra la pared…
-deja que te acompañe, bombón… -susurro, su voz grabe hizo que me sonrojara y que sufriera de escalofríos, sentirlo tan cerca me provoco… 
No hizo falta más palabras, le empuje un poco y tomados de las manos fuimos a mi departamento…
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Cuando desperté el chico del bar ya no estaba a mi lado, en su lugar había una nota:
Bombón
Espero mi café…  

Me aliste con pereza, y fui al café… los demás chicos ya estaban ahí, tenían todo bajo control, así que prepare dos tazas de café…
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El chico del bar no volvió por su café… tampoco al trabajo.
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4 años más tarde
-Alekaii no corras, te puedes caer…-le dije a mi hijo –
-pero mamá llegaremos tarde al concierto… -

Tome la mano de mi hijo y fuimos al concierto de su banda favorita, lo que mi hijo no sabía es que el cantante era su padre… mi chico del bar…

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