Capítulo 5 sicut in caelo, et in terra.
Lujuria. Avaricia. Envidia. Vanidad. Cuatro de los 7
pecados, con solo uno se torna inestable todo un pueblo, los cuatro juntos
crean guerras.
Lujuria.
Dios creo al hombre a su imagen y semejanza, pero el hombre
se sentía solo, así que le rogó a Dios por una compañera, y este le creo una
compañera: Lilith. Lilith no fue sumisa ni complaciente, ella sabía que Dios la
había creado como un igual a Adam, así Adam decidió que deseaba a una compañera
sumisa, Dios como todo padre, consintió aquello y desterró a Lilith, a su vez
creo a Eva. No solo la amada humanidad
cayo en la lujuria, los ángeles yacieron las hijas de los hombres, el producto
de esos encuentros fueron los nefilim.
Avaricia.
“Los hombres de Dios” no son exentos. Matando, destruyendo
pueblos enteros en nombre de “Dios”, cuando la orden de este fue “ámense los
unos a los otros”. Reunieron libros, privatizando el conocimiento. Recolectando
oro, haciéndose más ricos que los reyes. En su ceguera no vieron que Dios
obraba bajo otro nombre, destruyeron el templo, condenándose.
Envidia.
Dios creo primero a los ángeles, pero encontró a esa creación
imperfecta. Durante años, los ángeles callaron; solo hizo falta que uno hablara
para que los demás se unieran. Lucifer fue el que guió. Celoso de las atenciones
que su padre le daba a la humanidad quiso escalar las estrellas, y deseoso de
colocar su trono sobre las nubes, más allá de Dios. Lucifer y los mal
aventurados ángeles cayeron en manos de sus hermanos, el Padre amoroso los sentencio
arrancándoles las alas los desterró del paraíso.
Vanidad
Oh vanidad, dulce y frió veneno; lentamente nos mata por
voluntad. Etérea tortura ancestral. Vanidad efímera, eterna, infinita. Vanidad,
perfección incansable e insaciable. Así como en el cielo como en la tierra
abriga bajo su manto aquellos que la ansían. Oh Vanidad, vuelve tus ojos hacia
aquellos que te profesan devoción.
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