martes, 25 de diciembre de 2018

Así en la tierra como en el infierno


Capítulo 7 et dimitte nobis debita nostra


Sombra observaba con odio a las mujeres que tocaban tan ligeras a Cazador, en el bar donde se encontraban no era de extrañar encontrar a prostitutas y prostitutos, las luces tenues completaban con la atmósfera del lugar, el alcohol y las drogas fluían sin interrupciones, Cazador tenía una chica en su regazo y otra le abrazaba por la espalda, él fácilmente podía pasar como el proxeneta de las chicas. Por su parte Sombra vestía de manera recada en contraste a los demás; sentada en una mesa para cinco en un rincón del local, Sombra leía más allá.   La mujer abusada sexualmente por su padre era quien servía las bebidas, el cajero sufría de depresión provocando que cada día gastara su sueldo en crack. Una de las mujeres que brindaba sus servicios estaba embarazada de su chulo y esta noche abortaría por cuarta vez.
Todas aquellas almas sucias, deplorables rodeaban a su preciado Cazador, Sombra podía ver la suciedad albergándose en el alma de su Señor. Sin pensarlo demasiado, Sombra camino hasta Cazador y tomándolo de su mano lo alejo de las mujeres, habían contaminado con sus pecados a su Señor. Cazador sonreía satisfecho y Sombra sin decir nada los guió hasta la habitación que compartían. Sin más lo beso exigente, quitándole el abrigo a Cazador.                                                                                                                                                                               
-eres caprichosa, Sombra.                                                                                                                                                
Sombra le respondió besándolo de nuevo y mordiendo el labio de Cazador. Mientras lo besaba, Sombra insistía a Cazador a caminar; él se dejaba guiar. Sombra podía oler el perfume de aquellas zorras en la ropa y piel de su señor, podía ver las marcas sucias de ellas, guió a Cazador hasta el cuarto de baño y lo insistió a entrar en la regadera. El agua tibia los mojaba, Sombra quitaba la ropa de Cazador. Sería fácil dejarse llevar por la lujuria, pero la relación de Sombra y Cazador era diferente.
Sombra tomo el jabón y el paño de baño, con movimientos circulares empezó a lavar a Cazador, él por su parte sabía que Sombra no irá más allá sin antes preguntarle. Las manos de Sombran temblaban sin control, no era por deseo carnal, esos movimientos se debían a la ansiedad que tenía por eliminar aquellas marcas. Cazador podía ver como poco a poco Sombra volvía a la tranquilidad y solo entonces se permitió quitarle el paño a Sombra e insistir la a salir de la ducha.
Sombra accedió de mala gana a la solicitud de Cazador, pero no perdonaría las ofensas que aquellas mujeres habían dejado en su amado Cazador se repitieran de nuevo.

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