Capítulo 4 fiat voluntas Tua
Sombra domino el arte de viajar a los astrales a voluntad,
quienes reinaban en aquellos parajes eran seres con auras corrompidas y almas destruidas.
Llegar a los diferentes astrales era cuestión
de voluntad, para salir de ellos se necesitaba poder, Sombra obtenía el suyo de
Cazador; había dos formas de “alimentarse”: absorber la energía de Cazador
durante el acto sexual y que Cazador le diera la energía a Sombra de manera
libre.
Astrales que se destruían y creaban, astrales que eran un
desierto de arena negra, otros que no eran más que mansiones negras y estaba
aquel astral al que no podía entrar: El Laberinto. El Señor que reinaba ahí era
conocido por ser sanguinario con aquellos que caían en su cólera. Su Astral
representado como un laberinto de pasadizos cambiantes y custodiado por un Hijo
De Lo Que No Tiene Forma. Sombra había entrado
una vez, su estancia no había sido placentera, encadenada a la muralla exterior
se vio obligada a defenderse de los demonios de sangre.
Sombra contemplo como Cazador se internaba en el laberinto,
con cada paso de Cazador un recuerdo nuevo volvía:
-No quiero tu contrato….
Se lo he dado a alguien más,
Servir a un nuevo
maestro, alguien que no conocía, Sombra vio a su nuevo maestro, la lleno de
reglas y directrices que seguir. Pero hay algo peculiar en “Las Sombras”, para
alimentarse deben pedir la energía aun si eso significa desobedecer a su
maestro. Averno, Señor del Laberinto, Guardián de la muerte sangrienta.
-
Soy tan
fuerte como lo es mi maestro, si no cumplo con lo pedido es porque mi maestro
no es fuerte
Aquella respuesta era
la razón por la que termino encadenada.
Sombra sonrió, ella rompió el contrato de aquel ser despreciable,
entrar y salir del Laberinto no era más que un soplo, para derrocarlo solo bastaría
un pensamiento, apresurando el paso llego a la altura de Cazador, sonrió; Sombra
hizo la voluntad de Cazador, Averno cayó.
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