La niña se
sorprendió que le llamaran así pero dado que su amo le había comprado ropas
nuevas y pagado a la sirvienta para que le ayudara ya no le parecido raro que esta le llamara así, se
dirigió al único haciendo de la habitación y se sentó después de unos minutos
tenía el cabello agarrado en un intricado peinado sostenido por un único broche.
-
My lady, tome y mire si le gusta el
peinado – dijo la sirvienta al entregarle el pequeño espejo a la niña.
La niña estiro el
brazo para alcanzar el espejo y por primera vez en meses se dio cuenta de su
tono de piel… su piel era clara solamente unos rasguños y moretones la
estropeaban, la niña se miro las manos y se percato de las cicatrices que tenía
en ellas y de la uña de color morado que tenía en la mano izquierda. Alzo
lentamente el espejo y por fin vio su rostro, unos ojos de un color verde
intenso le devolvieron la mirada, tenía un labio partido debido a unos de los
golpes que le habían dado, un moretón en la mejilla derecha y dos rasguños
surcaban su frente. Movió el espejo para poder ver el peinado, su cabello de color de las brazas
estaba retorcido y formaba un peinado digno de una cortesana, en cuanto lo vio
le gusto.
-
Sí, me gusta gracias – contesto
tímidamente la niña
-
My lady, my lord la está esperando
afuera de la habitación.- dijo la joven, la niña vio en los ojos de la muchacha
una mirada de compasión, como si ella supiera los que el misterioso lord
planeaba para ella.
La niña se paro del
banco y se dirigió a la puerta, la abrió e inmediatamente miro hacia el piso
como estaba acostumbrada, solo pudo ver el piso de gastada madera y los zapatos
del lord L'orian. L'orian al ver a su damita salir ya bañada y peinada fue como
si nada hubiese cambiado, recordó las tarde que pasaba con ella jugando en los
jardines del palacio, cuando ella lo llamada de una forma infantil y mal
pronunciada, sin darse cuenta estaba sonriendo. Pero sus recuerdos los llevaron
hasta el día de que ella había desaparecido.
-
Amo ya estoy lista – la voz de la
niña interrumpió sus recuerdos y el hecho de que lo llamara “amo” le borro la sonrisa
-
My lady no me llame así, por favor…
-
Pero…yo… ¿Cómo debería llamarle mi
señor?
-
Eso te lo diré después, vamos se nos
hace tarde para volver a casa…- le tendió la mano – ah… y otra cosa – con la
otra mano le alzo el mentón – no mires
hacia abajo, ya no tienes que hacerlo, mírame a los ojos cuando te llame o tu
me hables, tan poco mires al piso cuando estemos con alguien mas – soltó un
suspiro – no mires el piso nunca más, pero no hables con nadie que no sea yo o
con quien yo te diga que es seguro ¿me entiendes?
-
Si
am… si, mi señor…- dijo la niña mirando por primera vez el rostro del
lord. le quedo viendo un rato, cuando desvió la mirada se dio cuenta de que aun tenia la
mano tendida esperando de que ella la tomara. Cuando le tomo la mano se
dirigieron escaleras abajo y salieron de la posada hacia la calle.
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