Capítulo 9 et ne nos inducas in tentationem
-Ave María purísima…
- una voz gutural rompió el silencio dentro del confesionario.
Cazador encontraba divertido escuchar los pecados de los
feligreses, una peculiar satisfacción lo abrazaba al descubrir que la amada
creación del Padre caía. Sombra lo esperaba impaciente en la iglesia. Cada
mujer y hombre que ingresaba al cubículo alimentaba la parte demoniaca de
Cazador, el “sabor” de la energía que consumía tenía una estrecha relación a
que tan corrompidos estuvieran la persona.
Cuando salió del cubículo se percató que sombra se
encontraba en uno de los bancos se oración, la mirada de la muchacha se fijaba
en una representación de la virgen María que cargaba en brazos a un pequeño
niño. ¿Cuándo había sido la última vez que realmente miro a Sombra? ¿Cuándo
había Sombra dejado crecer su cabello? ¿en qué momento la tristeza envolvió el
aura de ella? Cuando Sombra se percató que la observaban limpio una lagrima
traicionera, respiro profundo y camino hacia aquel indeseado espectador, Cazador.
Cazador acomodo su saco, le indico a Sombra que el trabajo
había terminado; caminaron en un silencio espeso. La tensión entre ellos había aumentado desde
que Cazador había anunciado a Sombra sobre la nueva fuente de información: una
joven monja.
Las paredes de fría piedra eran testigos mudos de los
amantes que se escondían entre su sombra, el traje del hombre antes pulcro
ahora se adornaba de arrugas; la mujer por su parte tenía en el suelo la mayor
parte de su ropa: el hábito. Un placer oscuro recorrió el cuerpo de Cazador,
aquel primitivo placer erótico combinado con el placer corrompido de provocar
dolor. La tensión producto de cada
estocada se rompió en una oleada de placer, Cazador sintió su cuerpo cobrar
vida por unos segundos, antes de sumergirse en la espesura de la realidad. Con
la elegancia propia de un amante consagrado Cazador arreglo su ropa, la
sensación de suciedad pronto se haría presente. La “esposa de Dios” se tardó un
poco más en recuperar su compostura y ropa. El pago por la información había
sido dado.
Cazador se apresuró a salir de aquel convento, pronto se
llenaría de feligreses y él no quería testigo alguno, Sombra lo esperaba.
Sombra otra batalla a la que se debería enfrentar, ya la podía ver toda malhumorada,
pero con la mirada triste; ella entendía que era una acción necesaria, mas no
le gustaba.







